Obama en Cuba y Argentina: de terrorismos y huecos discursos – Patricia Barba Ávila

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Es difícil saber y, sobre todo, comprender, qué hay en la conciencia de individuos como Barack Obama, que saben del apoyo que su gobierno ha brindado a agrupaciones como el Estado Islámico y Al Qaeda, al momento de rasgarse las vestiduras y condenar la “barbarie” de los “terroristas”, tal como lo hizo su predecesor George Bush y que le sirvió de pretexto para invadir y destruir Irak. Lo que es claro para aquellos que nos rehusamos a “informarnos” a través de la mediocracia oficiosa (CBS, ABC, CNN, Fox, Televisa/TVAzteca, Globovisión, Clarín, ABC, etc,etc), es que no hay terrorista más salvaje, letal e inmisericorde que el Cártel…

Obama en Cuba y Argentina: de terrorismos y huecos discursos

“Ustedes han liderado los increíbles esfuerzos para que se responsabilice a aquéllos que perpetraron esos crímenes”. Barack Obama en Argentina, marzo de 2016

A 40 años del golpe de estado en Argentina y ante otro ataque en Bruselas asumido por el Estado Islámico, volvimos a escuchar la misma retórica hipócrita de Barack Obama, por una parte, fustigando el “terrorismo” y ofreciendo todo el apoyo de su gobierno para combatirlo, tal como ya lo había expresado durante su visita a Cuba. Por la otra, felicitando a los que han luchado porque se castigue a los culpables de los horrendos crímenes cometidos por la junta militar con el apoyo del gobierno norteamericano, tal como ocurrió con el resto de las dictaduras militares que asolaron a la mayoría de las naciones latinoamericanas bajo el tenebroso Plan Cóndor. Esto sólo profundiza la inmoralidad y duplicidad que ha caracterizado siempre el comportamiento de las élites de poder en los Estados Unidos y sus compinches dentro de la OTAN, la Comisión Trilateral, el Club Bilderberg et al.

Para los que no nos creemos la retórica hueca del actual gerente general de USA Corporation Ilimited -matriz de la mega-empresa global encabezada por el Cartel Financiero Internacional “El Cártel”- el escuchar de boca de politicos como Obama, Hollande, Cameron, Rajoy et al el término “terrorismo” nos lleva a recordar el terror que históricamente han generado los codiciosos poderes fácticos en las principales potencias mundiales –sin duda alguna, el poder real detrás de presidentes y primeros ministros– con sus guerras e invasiones contra numerosos países saqueados y masacrados.

Es difícil saber y, sobre todo, comprender, qué hay en la conciencia de individuos como Barack Obama, que saben del apoyo que su gobierno ha brindado a agrupaciones como el Estado Islámico y Al Qaeda, al momento de rasgarse las vestiduras y condenar la “barbarie” de los “terroristas”, tal como lo hizo su predecesor George Bush y que le sirvió de pretexto para invadir y destruir Irak. Lo que es claro para aquellos que nos rehusamos a “informarnos” a través de la mediocracia oficiosa (CBS, ABC, CNN, Fox, Televisa/TVAzteca, Globovisión, Clarín, ABC, etc,etc), es que no hay terrorista más salvaje, letal e inmisericorde que el Cártel…

Las preguntas lógicas ante este comportamiento dual serían: ¿los que mienten tienen conciencia de lo que están haciendo? Y, si la tienen ¿por qué lo hacen? Pero, si no la tienen ¿por qué carecen de ella? Aquí es menester diferenciar las dos acepciones más comunes de la palabra “conciencia”. Una de ellas se refiere a la capacidad de darse cuenta de la propia existencia y nuestra interacción con el entorno. La otra tiene que ver con la ética, es decir, el poder de frenar reacciones y acciones que causen daño propio o a otros seres humanos y no humanos. Y aquí es donde radicaría el meollo del asunto.

Los científicos han descubierto que entre las diversas áreas cerebrales, existe una, conocida como el lóbulo prefrontal de la corteza cerebral, que se encarga de la toma de decisiones complejas vinculadas con el discernimiento entre situaciones conflictivas y la distinción entre el bien y el mal. Por ejemplo, en términos meramente evolutivos, el bien puede entenderse como aquellas conductas que favorecen la perpetuación de un grupo determinado: especie, raza, clan, etc, y en contraste, el mal comprendería todos los comportamientos que impidan la sobrevivencia de tales grupos. Esto, claro está, incluye más especificidades como la convivencia armónica, la justicia y el respeto entre los miembros de una sociedad, reguladas por convenciones y códigos sociopolíticos y jurídicos.

De lo anterior se derivan otras interrogantes como: ¿por qué entonces, principalmente entre miembros de la especie Homo sapiens, existen quienes se comportan de manera opuesta a las normas que garantizan la sobrevivencia no sólo de la propia especie sino del planeta entero? ¿Dónde etá la “sabiduría” -o inteligencia- en tal conducta? Es muy posible que la explicación exista y todavía no la hayamos dilucidado, aunque los esfuerzos en ese sentido se estén llevando a cabo.

Por ejemplo, hay disciplinas dedicadas al estudio de la conducta que revelan una estrecha relación entre la forma como está constituido el cerebro y el medio ambiente, conformando la personalidad de cada individuo. En otras palabras, las reacciones de distintas personas y grupos sociales estarían vinculadas a la influencia que determinados factores ambientales tienen en cada ser humano, de acuerdo con su propio temperamento. Más allá de lo descubierto por biólogos evolucionistas de la talla de Richard Dawkins (The Selfish Gene: El Gen Egoista) sobre la forma en que nuestros genes norman nuestra conducta (e.g. instintos de territorialidad, agresividad, heroismo, egoismo, cooperación, sexualidad, etc), se piensa que existen elementos del entorno, hechos y circunstancias que contribuyen a la formación de conductas específicas.

Por otra parte, hay quienes sostienen que, a diferencia del resto de los animales no humanos que se guían por comportamientos perfectamente definidos para los cuales no hay opción de elegir, los miembros de nuestra especie se separan visiblemente de dichos patrones fijos de conducta al contar con varias alternativas de donde escoger. Por ejemplo, el aparearse aunque su objetivo no sea la procreación, o el matar a sus congéneres o a individuos de otras especies no por necesidad de subsistencia sino por “diversión”, o la compulsión de poseer más de lo necesario para vivir y recurrir a lo que sea para lograrlo, incluso robar o asesinar a otros. Y aquí es donde la calificación del Homo sapiens como la especie más avanzada quedaría en entredicho.

Regresando al plano sociológico y sociopolítico, si llevamos a cabo una evaluación del avance real de la humanidad en términos de una conducta más civilizada, tendríammos que admitir que pese a los hallazgos científicos y tecnológicos alcanzados, principalmente en las naciones “de primer mundo” (SIC), los rasgos primitivos que caracterizaron a nuestros ancestros remotos, se mantienen pero con elementos más sofisticados, e.g., armas de destrucción más eficaces y letales, o la elitización de los descubrimientos en medicina, o la alarmante inequidad en la distribución de los recursos, cuyos corolarios son la permanente depredación y destrucción del medio ambiente que incluye, por supuesto, a todos los seres vivos que habitan nuestro planeta.

Y aquí volvemos al tema original de la presente reflexión: ¿por qué la región de la corteza cerebral que frena conductas dañinas para el propio individuo o sus congéneres, ha dejado de funcionar, principalmente entre los miembros de las élites financieras, empresariales y políticas al grado de que no tienen el menor empacho en mentir, saquear, destruir y asesinar en detrimento de la supervivencia de todo el planeta? ¿Qué le espera al mundo entero de persistir los mismos comportamientos humanos? ¿Podrá la ciencia encontrar mecanismos que modifiquen las conductas contrarias al bienestar y continuidad de la vida en la Tierra, antes de que sea demasiado tarde?

El ambicioso es un esclavo de lo mucho que desea. Edgard Young

Patricia Barba Avila
Miembro Fundador del FEMCAI
Titular del Programa “Desde la raíz”
Colaboradora de Resumen Latinoamericano y Red Contacto Sur – Patria Grande
http://femcai.org
Twitter: @PatySeti2014
Facebook: Patricia Barba/Comunicación Ciudadana

 

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